Mis inicios en Internet

Mientras estudiaba en Londres, me involucré en el proyecto de expansión comercial de una empresa industrial de Barcelona dedicada a la producción de maquinaria de termoimpresión. Principalmente distribuimos servicios de impresión para finalmente introducir la maquinaria en un mercado con alta demanda y escasa oferta. El producto encajaba perfectamente con las necesidades de un sector con un claro objetivo: las pequeñas y medianas tiradas de productos de merchandising acabados a un precio razonable.

Mis funciones se basaron en la captación, formación y dirección de un equipo de ventas que cubriera dos de los seis distritos de Londres. Durante los dos primeros años, la empresa se basó en la reducción de costes y en la fuerza del equipo comercial, siendo rentable desde el primer año.

En cambio, los últimos meses  se vivieron inminentemente sumergidos en una lucha constante por seguir siendo competitivos, debido a la entrada de un nuevo competidor a través de Internet, que había invadido fuertemente el mercado provocando una sacudida de muchos modelos de negocio que quedaban inmediatamente obsoletos. Y con ellos, el nuestro.

Me di cuenta de que Internet iba a revolucionar el modo de entender la empresa, que ésta tendría que reaccionar para adaptarse a la nueva visión. En la sociedad inglesa ya estaba difundido y arraigado, tanto por parte del consumidor como de los productores, y es sabido que a día de hoy el mercado británico es muy competitivo y tiene grandes profesionales altamente experimentados.

marcarse objetivosMuchas empresas han sufrido el choque de las nuevas tecnologías y el uso de la red desde entonces, aunque al volver a España pude comprobar como el país aún se encontraba en una fase inicial. Aquí en 2007, Internet aún estaba por llegar.

Cuatro años después, habiendo recuperado esa pasión abandonada, puedo decir que me dedico a ella de forma profesional, y que estoy muy agradecido.

Suelo pensar que hay refranes, proverbios y frases populares… que hemos oído desde siempre pero que a veces olvidamos, que encajan perfectamente con ciertas experiencias en la vida.
Ésta en concreto, que pareció tan negativa en su momento, hoy la entiendo desde un refrán muy conocido y quizá hasta quemado, pero que nunca ha dejado de tener razón.

No hay mal, que por bien no venga.